Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (Beato Juan Pablo II)

viernes, 16 de diciembre de 2011

Benedicto XVI El árbol y la Navidad


(la fotografia es de La Vigna del Signore)

Continuando la costumbre iniciada por el Beato Juan Pablo II en 1982, hoy fue inaugurado oficialmente en la Plaza San Pedro el tradicional árbol de Navidad que es colocado al lado del pesebre a los pies del Obelisco. La inauguración fue también acompañada por un coro de niños ucranios.


El árbol, un abeto rojo de 30,5 mts de altura, donado este año por la región de Zakrpattya de Ucrania tiene 61 años y ya se puede ver allí adornado de luces con su estrella en la cima, “una estrella luminosa difundiendo el mensaje de paz y esperanza de la Navidad.”
Leo en La Vigna del Signore que el primer árbol donado en 1982 también provenía de Ucrania).

Con motivo de esta donación el Santo Padre Benedicto XVI recibió una nutrida delegación de Ucrania entre quienes estaban el arzobispo de Lvov Mieczysław Mokrzycki (que había sido secretario de Juan Pablo II para asuntos internos), el viceprimer ministro Kolesnikov Borys y el arzobispo ortodoxo de Poltava.

En su Mensaje a ellos el Santo Padre decía:

"Este abeto, símbolo significativo de la natividad de Cristo, porque con sus ramas siempre verdes recuerda el perdurar de la vida, es también signo de la religiosidad popular de vuestra tierra y de las raíces cristianas de vuestra cultura. Espero que esas raíces consoliden todavía más vuestra unidad nacional, favoreciendo la promoción de valores auténticos y compartidos. En el transcurso de los siglos, vuestro país ha sido un cruce de caminos de culturas diversas y un punto de encuentro entre las riquezas espirituales de Oriente y Occidente. ¡Que en la tenaz adhesión a los valores de la fe siga respondiendo a esta peculiar vocación", dijo el Santo Padre.

El árbol y el Nacimiento, continuó, son "elementos de ese clima característico de Navidad que pertenece al patrimonio espiritual de nuestras comunidades; una atmósfera teñida de religiosidad e intimidad familiar que debemos conservar también en la sociedad actual, en que, a veces, predomina el consumismo y la búsqueda de bienes materiales. La Navidad es una fiesta cristiana y sus símbolos constituyen referencias importantes al gran misterio de la encarnación y el nacimiento de Jesús que la liturgia recuerda constantemente. El Creador del universo, haciéndose niño, vino entre nosotros para compartir nuestro camino; se hizo pequeño para entrar en el corazón del ser humano y renovarlo con su amor. Preparémonos a acogerlo con fe". (VIS 20111216 - 380)

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